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  • Juan Manuel Díaz-García y Pedro E. Nahuat-Cervera

Anfibios y reptiles en el mundo maya

Los anfibios y reptiles son animales con huesos como nosotros los humanos, y han habitado nuestro planeta desde hace más de 360 millones de años. Los anfibios fueron los primeros vertebrados en colonizar la tierra, mientras que los reptiles aparecieron unos 70 millones de años más tarde. Muchas veces, estos animales son confundidos entre sí, ¡las tortugas y cocodrilos no son anfibios a pesar de que viven en la tierra y el agua! Si somos observadores notaremos que estos animales presentan características únicas en su cuerpo con las que podemos diferenciarlos. Por ejemplo, en los reptiles tales como lagartijas, tortugas, serpientes y cocodrilos la piel es gruesa, seca y está cubierta por escamas. Por su parte, los anfibios como ranas, sapos y salamandras tienen una piel húmeda, delgada y sin protección (Figura 1).


Figura 1. En la izquierda un anfibio conocido como rana leopardo (Lithobates brownorum), en la derecha un reptil conocido como cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii). Nótese la diferencia en la piel entre el anfibio y reptil.


Si bien es cierto que los anfibios y reptiles no son los animales más apreciados por la sociedad en general, estos desempeñan importantes funciones que benefician al entorno natural donde viven y a nosotros los humanos, tales como la polinización, la dispersión de semillas y el control de plagas nocivas para la salud humana y los cultivos agrícolas. Además, estos animales poseen una gran importancia cultural debido a que forman parte de la cosmovisión y formas de vida de los diferentes pueblos indígenas de México.


Uno de los 68 pueblos indígenas del país, son los mayas y viven en Tabasco, Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, así como en otros países como Guatemala, Belice, Honduras y el Salvador. A lo largo de los años, los mayas han obtenido alimentos y remedios medicinales elaborados a partir de diferentes anfibios y reptiles. Por ejemplo, los mayas ocasionalmente complementan su dieta con platillos elaborados con la rana leopardo (Lithobates brownorum), el sapo costero (Incilius valliceps), la iguana negra (Ctenosaura similis) o el cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii). Particularmente, los mayas de Los Altos de Chiapas utilizan como remedio para curar la rabia una preparación que incluye al sapo centroamericano (Incilius bocourti) o a la rana manchada (Lithobates maculatus). Otro ejemplo es la víbora de cascabel (Crotalus tzabcan), que en la Península de Yucatán se le atribuyen propiedades medicinales para el tratamiento de diferentes dolores, envenenamiento por mordedura de serpiente y cáncer (Figura 2).


Figura 2. En la izquierda un sapo costero macho (Incilius valliceps), anfibio utilizado como recurso alimenticio. En la derecha una víbora de cascabel (Crotalus tzabcan), reptil con propiedades medicinales según los mayas de Yucatán. Fotografías: Pedro E. Nahuat-Cervera.

Los anfibios y reptiles que viven en las selvas, bosques y pantanos de la región maya también son fuente de inspiración para la creación de cuentos y artesanías. Incluso algunas especies tienen vocablos específicos en la lengua maya, por ejemplo, kaan es utilizado para referirse a una gran variedad de serpientes, tólok para algunas lagartijas y muuch para las ranas y sapos. Además, tienen una gran importancia histórica, tan solo basta con visitar la zona arqueológica de Chichen Itza, donde nos da la bienvenida el imponente Templo de Kukulkán o la serpiente emplumada. Especialmente, las serpientes forman parte importante de la arquitectura maya, donde son fáciles de observar en incontables estelas, grabados y esculturas (Figura 3).


Figura 3. Representación de una víbora en la arquitectura maya de un templo en Chichen Itza. Fotografía: Pedro E. Nahuat-Cervera.

Conocer la relación entre las sociedades humanas y la naturaleza es relevante para diseñar estrategias que permitan el uso sustentable de los recursos naturales sin comprometer su conservación, además de que permite valorar la riqueza biocultural de las comunidades indígenas. Estas estrategias son importantes debido a que pueblos indígenas continuamente sufren presiones sociales y ambientales externas que atentan contra sus territorios, su conocimiento ancestral y la gran biodiversidad que los rodea. ¿Te imaginas que se extinguieran las 44 especies de anfibios y 144 de reptiles que habitan en la Península de Yucatán? ¿Qué no podamos disfrutar de un recorrido por la selva Lacandona? ¿Qué las comunidades pierdan recursos alimenticios, medicinales y espirituales? Suena muy alarmarte, y por ello debemos comprometernos con acciones que permitan la conservación biológica y cultural. Entre ellas, está no matar a la fauna silvestre, no contaminar o alterar sus hábitats y valorar la importancia de los pueblos indígenas como guardianes de sabiduría milenaria.

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