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  • José Manuel Castillo Chuc

Breve historia de los injertos en plantas

Un injerto surge de la fusión, natural o hecha por el hombre, entre dos plantas de la misma familia, que dará como resultado una planta individual. Consta de manera general, de dos partes: el patrón o portainjerto (la parte de la planta que dará soporte a la rama injertada o vástago), y la rama injertada o yema (Imagen 1). Pero detengámonos un momento a pensar y preguntarnos ¿Cuál es el origen de los injertos?

Imagen 1. Representación general de las partes que conforman un injerto en plantas.


Antes del inicio de la agricultura y de las primeras sociedades organizadas, el ser humano era nómada, es decir, se desplazaba de un lugar a otro en busca de alimentos, recolectando, en parte, semillas de trigo, cebada y lentejas, plantas que se fueron domesticando con el paso de los años. También vivía de la recolección de frutas y nueces que formaba parte de su dieta, por lo que seleccionaban esas semillas para propagar, sin embargo, muchas veces la semilla no era fiel a las características de la planta madre (Mudge et al., 2009).


Fue así como el ser humano observó que en la naturaleza hay plantas que se injertan de manera natural (Imagen 2) tanto en ramas como en raíces. Esa observación hecha hace aproximadamente tres mil a mil años antes de nuestra era, motivó por primera vez al hombre a perfeccionar la técnica del injerto con la finalidad de tener plantas con características deseadas, como la calidad de su fruto, por ejemplo (Grahan y Bornman, 1966).

Imagen 2. Vista de un árbol de ficus (Ficus sp.), se observa la injertación natural en las raíces.



Los primeros registros sobre injertación se pueden obtener con la invención de la escritura, que se dio en Mesopotamia (actualmente Iraq y parte de Siria). Aquí se tienen registros de fragmentos de tablillas que hacen referencia a los injertos, hace aproximadamente dos años antes de nuestra era (Harris et al., 2002). Luego se encuentran reportes en algunas fuentes bíblicas (1443 A.C – 58 D.C), la antigua Grecia (1200 A.C- 146 D.C), Roma (700 A.C- 500 D.C), China (1,000 A.C), la Edad Media (siglo V al XVI D.C), el Renacimiento (silgo XVII al XVIII D.C.), siglo XIX y hasta nuestros días.


Algunas evidencias sobre los injertos provienen de textos bíblicos, particularmente la biblia cristiana (versión de la Reina Valera). En el antiguo testamento hace referencia el libro de Jeremías (2:21), Isaías (5: 1-2) y Levíticos (19:19), en el que hay parábolas que si bien no mencionan específicamente al injerto, sugiere que sí se conocía y practicaba en aquellos tiempos (1443-580 A.C). En el nuevo testamento, en Romanos (1:24) dice: “Porque si tú fuiste cortado del olivo que por naturaleza es silvestre, y contrario a la naturaleza fuiste injertado en el olivo de huerto, ¡cuánto más estos que son naturales serán injertados en su propio olivo!”. (Mudge et al, 2009).


En uno de los tratados hipocráticos (424 A.C) de la cultura griega, se sugiere que la injertación era conocida y que los frutos que daba el injerto eran idénticos al del árbol del cual se toma la yema. Teofrasto (371-287 A.C), quien es considerado el padre de la Botánica (Imagen 3), discutió sobre las técnicas de propagación, sus ventajas, así como algunas recomendaciones para tener éxito en su aplicación.

Imagen 3. Escultura de Teofrasto, considerado el padre de la Botánica. Publicó “Sistema naturae” donde hizo por primera vez una clasificación de plantas basándose en sus propiedades médicas.


La cultura romana a través de Marco Poncio Canto (234-148 A.C) en su obra: “de agricultura” registró el injerto como una manera común de propagar plantas y que se utiliza para muchas especies de frutales. Otro personaje romano, Gayo Plinio Segundo (23-79 D.C), escribió sobre la compatibilidad entre injertos en uno de los 37 tomos de libros que escribió. Rutilio Tauro Emiliano Paladio, fue un agrónomo del siglo IV D.C que escribió 14 libros sobre agricultura mencionando gran diversidad de injertos frutales, compatibles o no compatibles entre sí.


En la antigua China, lugar de origen de los cítricos, se tiene la primera evidencia de que hacían injertos alrededor del siglo I A.C., aunque el cultivo de cítricos se menciona desde unos dos mil años A.C. lo que sugiere que primeramente se propagaron a través de semillas.


En la época medieval en toda Europa en general ya se tenía un conocimiento sobre lo que eran los injertos y su importancia para propagar plantas de trascendencia económica, como la vid, para producir vino. En el año 1440 D.C en la época del Renacimiento Europeo, la invención de la imprenta supuso un gran avance para la difusión del conocimiento en general sobre las ciencias y las artes, por supuesto que la agricultura no podía quedar al margen de este movimiento, así es como se tienen registros de diversos autores de varios países europeos reportando las técnicas de injertación.

Entre los siglos XVI y XIX ya se habían diversificado las especies de plantas que se propagaban a través de injertos, siendo los más populares y comunes en esos tiempos: manzana, pera, níspero, melocotón, cereza y ciruela. Es en la segunda mitad del siglo XIX cuando en los cítricos se estandarizó la propagación por injerto, debido al problema de la gomosis, que obligó a experimentar con patrones resistentes a este hongo.


Finalmente entre el siglo XX y la actualidad, la innovación ha marcado a este tipo de propagación. Entre los avances tecnológicos se puede mencionar microinjertación in vitro, útil para reproducir miles de plantas idénticas en poco tiempo. También se ha hecho injerto en hortalizas, cuyo fin práctico es la resistencia a plagas; en las especies ornamentales se utiliza el injerto para producir plantas con flores llamativas.


Para concluir, la técnica del injerto tiene un origen algo incierto, aunque se cree que inició en Mesopotamia (actual Siria e Iraq) y que se expandió hasta el continente europeo con el paso de los años hasta llegar a américa. Actualmente es una técnica común que se aplica en grandes plantaciones comerciales de especies frutales y ornamentales como se ve en la Imagen 3.


Imagen 3. Ejemplo de la aplicación de técnicas modernas de injertos: microinjertación, e injerto de cactáceas con fines ornamentales.

Bibliografía


Graham. B. and F.H. Bornman. (1966). Natural root grafts, Bat. Rev. 32:255-292.

Harris, S. A., Robinson, J. P., & Juniper, B. E. (2002). Genetic clues to the origin of the apple. TRENDS in Genetics, 18(8), 426-430.

Mudge, K., Janick, J., Scofield, S., & Goldschmidt, E. E. (2009). A History of Grafting. Horticultural reviews, 35, 437.

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