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  • Iliana Jiménez-Chávez, José M. Castillo-Chuc

Relato sobre el fomento de las parcelas y cítricos en Dzán, Yucatán (2/3)

“En la comunidad de Dzán antiguamente se dedicaban a la milpa, sembrando maíz, frijol, calabaza, cacahuate, ajonjolí, tabaco, chile verde, yuca, camote y otros alimentos principalmente para el consumo familiar y algunos para comercializarlos” Inició con su relato don Genaro Jiménez, quien fuese uno de los primeros citricultores de Dzán. En palabras de don Genaro, así era su vida antes de fomentar su parcela con cítricos:

“Yo tenía mi milpa que era para el consumo familiar, sin embargo, no era suficiente y tuve que irme a trabajar a Mérida, trabajaba para la CFE; también trabajé sembrando zacate en San Enrique, es un rancho a la entrada de Pustunich; y de jornalero en Dzán haciendo quema de madera especial junto con piedras para generar cal que servía para construir casas y para hacer nix tamal. Uno tenía que buscar cómo salir adelante porque no había tanta cosecha ni parcelas como ahora, pero cuando tuve mi parcela no la dejé de trabajar”.

El fomento de las parcelas comenzó después de la caída del henequén y también como consecuencia de la escasez de cítricos en el mercado mundial. Es por ello que se creó un programa de apoyo para el trabajo agrícola y citrícola en el sur de Yucatán, en este programa se le otorgó un apoyo monetario a cada campesino para trabajar y preparar sus tierras. Poco a poco las personas de Dzán comenzaron a llenar sus parcelas con cítricos los principales naranja y limón, aunque también se siembran mandarina, toronja y naranja agria.

Las parcelas de Dzán lo conforman en su mayoría cítricos como la naranja dulce, limón, mandarina, toronja y naranja agría.

El profesor Jaime Uc, actual comisario ejidal de Dzán, nos platicó un poco acerca del proceso que vivieron los primeros citricultores hasta llegar a la actualidad:

“En un principio fue difícil, puesto que no había mercado y el poder adquisitivo de la gente no era buena, primero los citricultores llevaban costales de fruta a Oxkutzcab, a veces regresaban con el producto porque no se vendía, pero poco a poco se fue abriendo el mercado, lograron tener un espacio en la casa del pueblo de Mérida para trasladar el producto, los mismos productores llevaban la fruta, allí fue teniendo un poco más de valor el producto, más adelante algunas personas viajaban hasta Campeche, otras a Cancún, poco a poco se fue abriendo el mercado y la gente fue mejorando su poder adquisitivo. Más tarde, la citricultura tuvo un valor alto cuando en el mercado nacional escaseó la naranja, entonces vinieron comerciantes de Guadalajara, Guanajuato, Michoacán y de la ciudad de México entre otros a comprar la naranja y se dieron cuenta de que era una naranja muy buena, pequeña, pero con un jugo de muy buena calidad y su sabor es inigualable, entonces se empezó a desplazar a los mercados nacionales y allí fue donde los productores empezaron a ver el resultado de su esfuerzo y trabajo. Actualmente la naranja se exporta a mercados internacionales, por ejemplo, el jugo concentrado que maneja la juguera de Akil, donde muchos de los citricultores llevan a vender su producto que se exportan hasta parte de Europa. Así ha mejorado poco a poco nuestra producción de cítricos.”

Por su parte, don Manuel Jiménez nos platicó su experiencia de cómo inició su vida de citricultor:

“Mi papá fue citricultor y ejidatario. En un principio yo me dedicaba a realizar fletes para llevar productos de algunos citricultores a la casa del pueblo en Mérida, a Campeche y a Cancún. Mi papá tenía su parcela y se dedicaba a trabajarlo, entonces le ayudaba vendiéndole su producto, uno tenía que salir a venderlo hasta Mérida. Más adelante aproximadamente en 1990 se dio inicio a las unidades de las parcelas de “la Esperanza”, donde se otorgaron tierras ejidales a varios campesinos para trabajar como parcelas de cítricos, fue allí cuando tuve mi primera parcela y lo fui trabajando. Luego también fui llevando mi producto a Mérida, ahora ya no hay mucha necesidad de viajar hasta Mérida porque aquí mismo en Dzán te vienen a comprar el producto. Desde hace aproximadamente treinta años que me dedico a mis parcelas hasta la actualidad y gracias a ello he conseguido todo lo material que tengo, de allí ha venido el dinero para que mis hijas puedan estudiar”.

Con el tiempo el ejido fue otorgando más tierras, creando más unidades para ser trabajadas y sembrar cítricos, algunas cosas han cambiado y se han ido mejorando y modernizando, por ejemplo, los huacales eran de madera, actualmente se han reemplazado por huacales de plástico; el riego antiguamente era por inundación de caños, ahora se ha sustituido por microaspersores, esto hace que se desperdicie menos agua.

El riego por caños se ha ido reemplazando por el riego por microaspersores.

“Las parcelas se han ido heredando generación tras generación, algunos lo traspasan a un costo siempre haciéndoselo saber a la comunidad ejidal, pero la mayoría de los citricultores lo visualizan como un patrimonio para sus hijos e hijas”, concluyen don Genaro Jiménez, Manuel Jiménez y Jaime Uc.

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